Un código QR de entrada lleva la propia entrada —evento, número, asistente y asiento— como texto estructurado en lugar de un enlace, de modo que la puerta puede leerlo sin cobertura. Las entradas se crean en la aplicación MOJA, no aquí.
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Descargar app gratisEl código lleva el registro completo, y por eso funciona en la puerta aunque en la carpa o en el sótano no llegue la red: no se descarga nada.
Identifica una entrada. No la valida. El código dice «entrada 0412 para el evento SPRING26». Si 0412 es real, está sin usar y está pagada solo lo sabe su listado. El código es la afirmación, no la prueba.
En la práctica, para quien organiza: lleve una lista de los números emitidos y márquelos en la puerta. Sin ese paso tiene un código bonito y no tiene control de acceso.
Donde un sistema de venta completo no se justifica pero hay una lista en taquilla.
El clásico: las entradas se reparten antes y por la noche hay que ir deprisa.
Fiesta de personal, jornada de puertas abiertas o aniversario, donde la lista de invitados ya existe.
No hay firma ni protección contra copia. Una captura de pantalla del código es una entrada que funciona. Eso solo se atrapa marcando en la puerta, no con el código.
Nada caduca. El código del año pasado escanea igual que el de hoy. El identificador del evento es la única pista, y es solo texto.
El punto y coma y los dos puntos rompen el registro. Son los separadores de campo y nada los escapa por ahora: manténgalos fuera de los valores.
Solo la aplicación MOJA lo lee como entrada. Otros lectores muestran el texto en bruto. Para control de acceso con software de terceros es el tipo equivocado.