Un código QR de pódcast enlaza un episodio. Lo difícil no es el código: es que su audiencia está repartida entre Apple, Spotify, YouTube y una docena de aplicaciones, y un enlace a una de ellas es un callejón sin salida para el resto.
El enlace de aplicación frente a la página web. Un enlace de plataforma abre la aplicación si está instalada y, si no, la versión web de esa plataforma, casi siempre con una invitación a registrarse. Una página de episodio propia abre siempre y deja la elección al oyente.
El feed RSS es el formato que no pertenece a nadie. Cualquier aplicación de pódcast puede suscribirse. Como destino de un código impreso sirve mal: quien lo abra en el navegador verá un muro de XML.
En estos mercados una parte importante de la audiencia llega por YouTube y por los reproductores de las radios generalistas más que por una aplicación de pódcast específica. Es un motivo más para que el destino sea su propia página, y para que el enlace de YouTube figure entre los que muestra.
Al final del texto: seguir escuchando aquí. Evita buscar por un nombre de programa que nadie escribe bien.
En expositores y bolsas. Imprima grande: se escanea de lejos.
La grabación de la charla que el público acaba de oír es el caso con mayor tasa de uso de todos.
Un enlace de una sola plataforma excluye a todos los demás. Es la limitación central de este tipo y no se resuelve codificando.
Sin conexión no hay episodio. El audio consume más ancho de banda que una página de texto.
Las direcciones de episodio son largas. Medido con el codificador de este sitio, una dirección de 40 caracteres ocupa 29 módulos de lado y una de 98 ocupa 41 con la misma corrección de errores. Las de plataforma caen en el segundo grupo con regularidad.
Las plataformas cambian sus formatos. Lo que funciona hoy puede no abrir dentro de tres años, y su cartel quizá siga colgado.
El código no puede saber qué aplicación usa cada persona. Es tinta impresa. Solo su página de destino puede responder a esa pregunta.